El libro “Verdades que dicen que no se cuentan” ya está disponible y será presentado en septiembre. La autora de Senillosa dio un adelanto de la trilogía que transformó en palabras el dolor y la esperanza.
SENILLOSA (ED). — Hay historias que empiezan con una herida y con el tiempo, encuentran otra manera de ser contadas. La de Mariam Robles es una de ellas.
En marzo, cuando todavía hablaba de su primer libro como un proyecto que estaba por hacerse realidad, la escritora de Senillosa hablaba de transformar una experiencia personal difícil en palabras que pudieran servirle a alguien más. Hoy, ese libro está impreso, también puede leerse en formato digital.
Robles se reunió este jueves con el intendente de Senillosa, Lucas Páez, para agradecer el acompañamiento que recibió para afrontar parte de los costos de edición de su primera obra, “Verdades que dicen que no se cuentan” forma parte de la trilogía: “La historia de mi divorcio”.

Los ejemplares físicos llegaron el 31 de julio y la respuesta fue inmediata. Los primeros libros prácticamente volaron y ya recibió pedidos desde Senillosa, Neuquén, Plottier, Cipolletti y General Roca.
La presentación oficial todavía está pendiente y la idea es realizarla en Senillosa durante septiembre, junto con la editorial Factor Literario.

Una trilogía
Lo que comenzó como una necesidad de poner en palabras una experiencia personal terminó creciendo mucho más de lo que la autora imaginaba. El primer libro aborda el duelo, la reconstrucción de la identidad y las situaciones que atravesó a partir de diferentes instancias judiciales vinculadas con el régimen de comunicación y la cuota alimentaria.
La segunda parte ya está en marcha y tiene un título que anticipa el tono de lo que viene: “El diablo, nadie y yo”.
“Es un grito sin filtro. Es la segunda parte de una historia cruda y real que duele, que sangra en cada página, pero que no se calla. No solo es sobre violencia y sobre la injusticia de pedir lo básico. Sino también de reconstruirse desde las cenizas”.
Allí Robles profundiza en lo ocurrido durante las audiencias y en todo lo que vino después. Pero, nuevamente, la intención no es quedarse solamente en el conflicto. El eje vuelve a estar puesto en cómo una persona intenta reconstruirse cuando siente que todo se desarma.
“Escribir me ayuda a ordenar mi caos interno”, reflexiona. Para ella, poner en palabras funciona como una forma de canalizar la impotencia y volver a reconstruirse cada vez que una nueva situación “vuelve a mover el piso”.
Tercer capítulo
El cierre de la trilogía se llamará “El color del Sol” y propone una mirada diferente: revisar aquellas verdades que aprendimos desde chicos y que quizás nunca nos detuvimos a cuestionar.
“Todos aprendimos a dibujar el sol amarillo. Pero el sol, en realidad, es blanco”, explica y desde esa idea construye una pregunta que atraviesa el tercer libro: ¿cuántas verdades propias son amarillas simplemente porque alguien nos las pintó así?
Los mensajes que recibe después de que alguien termina de leer el libro se convirtieron en otro motor para continuar.
Robles reconoce que todavía tiene mucho dolor para sacar en palabras. Pero también imagina que, cuando esa etapa termine, podrá escribir desde otro lugar. Desde la esperanza:
“Ayer mi cuerpo y mi alma vestían de negro. Hoy se visten del color del Sol”.






